Jueves, Mayo 26, 2022

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La economía española podría seguir su recuperación en 2016 y 2017 pero a menor ritmo que en 2015

El indicador de actividad de CEOE estima un crecimiento del PIB del 0,7% para el primer trimestre.

La economía española podría seguir su ciclo de recuperación en 2016 y 2017, aunque a un ritmo algo inferior al alcanzado en 2015, según refleja el Servicio de Estudios de CEOE en el Panorama Económico, incluido en el Informe trimestral de la economía española del mes de marzo. Sus análisis estiman un crecimiento del PIB del 2,7% en 2016, mientras que en 2017 el aumento del PIB podría moderarse levemente hasta el 2,5%. Si se cumple este escenario de previsión, España crecerá más que la media de la Eurozona, aunque reducirá su diferencial positivo en este periodo.

La senda de desaceleración prevista para 2016 y 2017 viene explicada por la pérdida gradual del efecto de aquellos factores que impulsaron la actividad durante el último año (tipos de interés, precio del petróleo, depreciación del euro, reforma fiscal). A todo ello se une la elevada tasa de paro o el alto nivel de endeudamiento, factores que reducen el potencial de crecimiento de la economía española.

En el Panorama Económico, CEOE destaca que esta situación podría mejorar si el proceso de reformas se completa e intensifica de nuevo en los próximos años. Con todo, otros factores seguirán impulsando la actividad, como el descenso del desempleo y la aplicación de políticas monetarias expansivas por parte del BCE, que aún podrían favorecer una mayor depreciación del euro.

El indicador de actividad de CEOE, con la información disponible hasta el momento, estima un crecimiento del PIB para el primer trimestre del 0,7%, una décima inferior al 0,8% que creció la economía tanto en el tercer como en el cuarto trimestre de 2015.

PANORAMA ECONÓMICO

Tras un comienzo de año caracterizado por la elevada volatilidad de los mercados  financieros  y una fuerte caída de las bolsas, en las últimas semanas se aprecia una menor inestabilidad que viene explicada por varios factores.   El   primero   es que la política monetaria seguirá siendo expansiva. La revisión a la baja de las

expectativas de crecimiento (el último organismo ha sido la OCDE), a la vez que se aprecian tensiones financieras, e incluso bancarias, en algunos países con peso en la economía mundial, acrecientan la inquietud de los bancos centrales, principalmente de la Reserva Federal (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE), sobre el entorno económico y financiero. En consecuencia, se puede prever que no habrá cambios bruscos en la política de la Fed e, incluso, algunos bancos centrales continúan realizando impulsos adicionales.

En concreto, el BCE, en su reunión del 10 de marzo, aprobó nuevas medidas con las que espera estimular el crédito y mejorar las condiciones de financiación, con el objetivo de impulsar la recuperación de la economía y favorecer que la inflación se acerque al objetivo (cerca del 2%). Entre las nuevas medidas adoptadas, cabe señalar la reducción del tipo de interés oficial desde el 0,05% hasta el 0%, de la facilidad de depósito (desde el -0,3% hasta el -0,4%) y de la facilidad marginal de crédito (desde el 0,3% hasta el 0,25%). Por otro lado, ha ampliado el programa de compra de activos (de 60.000 a 80.000 millones de euros al mes), incluyendo en la lista de activos los bonos corporativos denominados en euros y con grado de inversión que sean emitidos por sociedades no financieras establecidas en la zona euro. Por último, a partir de junio, habrá una nueva serie de TLTRO (financiación a largo plazo para los bancos), que se ofrecerá a un tipo de interés del 0%, pero podría llegar hasta el tipo de interés de la facilidad de depósito para las entidades más activas como prestamistas.

El segundo factor que ha favorecido una menor inestabilidad en los mercados financieros es la reunión llevada a cabo entre Arabia Saudí, Rusia, Venezuela y Qatar, donde se acordó mantener la producción en los niveles del pasado mes de enero, a pesar de que estaban en máximos de producción. En consecuencia, el precio del petróleo, que llegó a situarse por debajo de los 30 dólares/barril en enero, se ha recuperado hasta niveles de los 40 dólares/barril en los primeros días de marzo.

No obstante, la volatilidad estará presente en mayor o menor medida mientras los focos de incertidumbre económica y financiera a nivel global no desaparezcan. El primer foco es la evolución de los países emergentes, principalmente de China. Su economía está inmersa en un proceso de desaceleración económica, con dudas sobre su alcance, al tiempo que tiene que afrontar una serie de retos, entre ellos, reducir los elevados niveles de endeudamiento y la gestión del cambio de su modelo productivo.

De cómo sea el comportamiento de esta economía dependerá, en buena medida, el comercio de materias primas (incluido el petróleo), con el efecto negativo que puede tener en algunos  países  de  América  Latina,  como  Brasil,  que  está  sufriendo  una  severa recesión.

En otro frente, se encuentra la incertidumbre sobre la intensidad del ciclo de recuperación de las economías avanzadas, en donde el crecimiento de EE.UU. parece situarse en el entorno del 2,3%, a pesar del dinamismo del consumo y del mercado laboral, cuya tasa de paro se sitúa en el 4,9% en febrero. En cuanto a la Eurozona, ésta tiene un crecimiento más limitado, por debajo del 2%. Si bien se mantienen los soportes del crecimiento en la UEM (tipos de interés y petróleo bajos, euro depreciado, política fiscal menos restrictiva), los riesgos a la baja son notables, tanto a nivel económico como institucional. Entre los primeros está el alto desempleo y el bajo nivel de inversión. Dentro de los institucionales, la consulta sobre la permanencia en Reino Unido, la delicada situación de Grecia y el problema de los refugiados son factores que afectan a la confianza y podrían tener un impacto negativo en el crecimiento si no se gestionan adecuadamente.

En este entorno, la economía española en 2015 alcanzó una tasa media del 3,2%, la más elevada desde 2007, y los ocupados aumentaron un 3,0%. Esta recuperación de la actividad y el empleo se produjo en un entorno de mínimos históricos de inflación, de superávit en la balanza de pagos y de contención del déficit público.

La economía española podría seguir su ciclo de recuperación en 2016 y 2017, si bien a un ritmo algo inferior al alcanzado en 2015. Se estima un crecimiento del PIB del 2,7% en 2016, mientras que en 2017 el aumento del PIB podría moderarse levemente hasta el 2,5%. Si se cumple este escenario de previsión, España crecerá más que la media de la Eurozona, aunque reducirá su diferencial positivo en este periodo.

La senda de desaceleración prevista para 2016 y 2017 viene explicada por la pérdida gradual del efecto de aquellos factores que impulsaron la actividad durante el último año (tipos de interés, precio del petróleo, depreciación del euro, reforma fiscal). A la desaparición paulatina de estos factores positivos se une la persistencia de circunstancias que reducen el potencial de crecimiento de la economía española, como la elevada tasa de paro o el alto nivel de endeudamiento. Esta situación podría mejorar si el proceso de reformas se completa e  intensifica de nuevo en los próximos años. Con todo, otros factores seguirán impulsando la actividad, como el descenso del desempleo y la aplicación de políticas monetarias expansivas por parte del BCE, que aún podrían favorecer una mayor depreciación del euro. 

El indicador de actividad de CEOE, con la información disponible hasta el momento, estima un crecimiento del PIB para el primer trimestre del 0,7%, una décima inferior al 0,8% que creció la economía tanto en el tercer como en el cuarto trimestre de 2015. Algunos indicadores también apuntan a esta tendencia de desaceleración en el primer trimestre, aunque muy leve. En febrero, los afiliados a la Seguridad Social aumentaron en 63.355 personas, lo que supone un incremento inferior al registrado en el mismo mes de 2015 (+96.909). En términos interanuales, mostró una ligera desaceleración, hasta el 3,0%, después de seis meses con un ritmo de crecimiento estable, en el 3,2%. Además, los índices de confianza de los hogares y de la industria disminuyeron en febrero, si bien en menor intensidad que en enero. El consumo de cemento también mostró una ligera moderación en enero en términos interanuales, al igual que el IPI en el mismo mes, si bien ambos presentan todavía crecimientos significativos (5,1% y 3,5%, respectivamente).

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